Invernáculo emocional

Todas las conductas laborales son aprendidas, por lo tanto podemos mejorar nuestras debilidades si tenemos conciencia de ello. Una persona arrogante puede aprender a escuchar, y a tomar en cuenta otras opiniones; el adicto al trabajo puede aminorar el paso y equilibrar mejor su vida. Estas mejorías sólo se presentarán si se realiza el primer paso: tomar conciencia del daño que causan esos hábitos y de cómo deforman nuestras relaciones. Por eso para “desintoxicar” su lugar de trabajo, nada mejor que empezar por modificar el área de influencia más cercana: su propia conducta.
La razón por la cual los seres humanos transmitimos con más facilidad los estados de ánimo es porque son mensajes potentes para nosotros, señales vitales para la supervivencia que llevan información crucial sin necesidad de pasar a la palabra. Nuestras emociones nos indican en qué concentrar la atención, cuándo prepararnos para actuar. Son captadores de atención, que operan como advertencias, invitaciones, alarmas, agresión, huida, etc. Este intercambio emocional constituye una economía interpersonal invisible y habitualmente es tan sutil, que no se percibe.
Existen algunas personas que son más diestras en la detección de señales emocionales y esto los convierte en potentes comunicadores, capaces de dominar a un público, influenciar sobre él y generar sinergia.
El arte de la influencia requiere no sólo lograr manejar con efectividad las propias emociones sino también las ajenas. Es perfectamente natural influir en el estado emocional de otro, para bien o para mal; lo hacemos constantemente ”contagiándonos” las emociones como si fueran una especie de virus social.
Pensemos en la transmisión de emociones en una sala de directorio, en la oficina, en la sala de reuniones, y en cada uno de los lugares de la organización, donde intercambiamos con otros nuestra experiencia laboral. Es un hecho habitual ver a las personas que comparten un mismo espacio, pasar de la alegría al aburrimiento; del nerviosismo al enojo sin que sepamos concretamente qué lo generó.
¿Clima de motivación o desmotivación?
La gente trabaja por diversos motivos. Lo importante para una persona puede tener poco sentido para otra. La motivación es personal y los líderes deben conocer a los empleados de manera individual para saber qué los motiva.
Algunas personas trabajan para cubrir las necesidades de supervivencia básica, otras buscan seguridad, a otros los mueve la satisfacción sólo de su ego. Un líder debe ser sensible para reconocer tales necesidades de los empleados y diseñar vías para distinguir cuáles son esos motores, al mismo tiempo que propone alcanzar determinadas metas de la organizacionales.
Si sus colaboradores no saben qué espera usted de ellos; si creen que no conoce sus necesidades y que por ende no les aporta los recursos que necesitan para realizar bien el trabajo; si sienten que los objetivos propuestos no fueron realizados de común acuerdo; si además, consideran que hace mucho tiempo que no reconoce o premia el trabajo bien hecho o corrige el mal hecho, percibirán un clima laboral enrarecido.
En esta ecología emocional con matices tóxicos, las personas tienen distintos modos de presentar rechazo: filtran información, aumentan el ausentismo, disminuyen la productividad, se enferman más, no logran las metas propuestas e inclusive llegan a la anomia o indiferencia hacia su trabajo.
En general, cuando esto sucede, la mayoría de los líderes en las organizaciones tienen una tendencia a la negación, estrategia emocional que si bien nos ahorra reconocer la verdad, nos impide mejorarla. Esta actitud defensiva puede adoptar muchas formas: minimizar los hechos, descartar información crucial, buscar racionalizaciones y “buenas excusas” frente al problema.
La gente que nos rodea puede tender también a aliarse con esta negativa. Es por ello que los tipos de informaciones más difíciles de obtener en una empresa son la crítica sincera y constructiva de lo que se está haciendo y de los propios errores.
Permanentemente observamos que compañeros de trabajo, subordinados y jefes la pasan mejor quejándose los unos de los otros a espaldas del mencionado, en vez de mantener con esa persona una conversación franca y abierta sobre lo que está mal. Tendemos a armar una ilusión de armonía y efectividad que nos cuesta ver la verdad, que podría dar paso a una autentica mejoría
Los efectos adversos no perjudican sólo a la persona que los padece sino al grupo en su totalidad, porque realmente la oficina se transforma en un invernáculo emocional, del cual es imposible no ser cubierto ni afectado por los sentimientos que prevalecen.
Nuestra experiencia en distintas organizaciones (públicas y privadas) nos permite diferenciar algunos “puntos ciegos” que pertenecen a personas que se desempeñan en distintos puestos, desde jefes departamentales a directores ejecutivos, que pueden darnos una idea de las emociones que se desencadenan en cada lugar de trabajo.
Hay personas que tienen una ambición ciega de ganar o “tener razón” y ven a los demás en término de blanco o negro, aliados o enemigos y provocan emociones de agresión.
Están los que fijan objetivos demasiado ambiciosos e inalcanzables para el grupo o la organización, obteniendo como resultado la sensación de desvalorización y apatía de los otros.
Los que buscan poder para sí mismos y no para la organización, impulsando sólo sus propios intereses, haciendo que sus colaboradores eviten toda cooperación o compromiso.
Hay otros que trabajan compulsivamente, abusando de sus propias fuerzas y desconociendo los límites de los demás. Sólo logran indiferencia.
Además existen algunas personas que toman el crédito de los esfuerzos de los demás y culpan a otros de sus errores. Obtendrán a cambio el rechazo y la falta de credibilidad
Estos puntos ciegos hacen que la persona no reconozca sus errores, porque esta necesidad de negar los hace resistente a cualquier crítica, aunque provoquen un profundo desorden en la ecología emocional del sistema organizacional.
Antes de culpar a los demás, lo aconsejable es que los lideres revisen sus malas prácticas y acorten las distancias entre el dicho y el hecho, recordando siempre que son ellos, los que tiñen el ambiente de trabajo con el color que desean.

0 pensamientos en “Invernáculo emocional”

  1. Mucha claridad y acierto en éstas palabras! Personalmente, creo que la negación es el lugar más habitual y más cómodo en el que solemos colocarnos en un ambiente con problemas. Aceptar, o simplemente comenzar a preguntarse, es el camino hacia la verdad y el comienzo de la resolución de los problemas.

    1. Gracias por tu aporte, realmente muchas veces olvidamos que estamos trabajando con Seres Humanos, que la ecuación no es lineal y que la parte emocional si no está bien gerenciada, puede dar por tierra todo el esfuerzo que hagamos en objetivos, planificación, calidad en los procesos.por eso si estamos alerta en este tema, podemos manejarlo y superarlo.

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