¿Se preguntó, alguna vez, si es un jefe tóxico?

Todos sabemos que  una buena relación entre los jefes y los colaboradores aumenta la productividad y los resultados de una Institución.  Así como también el estilo de liderazgo de los superiores afecta al bienestar de los equipos de trabajo. Este bienestar está íntimamente relacionado con los resultados óptimos de esa Organización.

Es fundamental evaluar esta variable con precisión porque el malestar laboral, entre otras causas, pueden ser fruto de una relación tóxica entre estos actores.

Un estilo de liderazgo tóxico y unas malas habilidades de liderazgo por parte de los superiores puede provocar fenómenos como el conflicto de rol, la ambigüedad de rol o la sobrecarga de rol, que a su vez pueden provocar sentimientos negativos en los colaboradores: como tener una pobre sensación de pertenencia hacia la Institución.

Uno de los  estilos de liderazgo que mejor encaja con los tiempos que corren es emplear  niveles altos de comunicación para conseguir los objetivos y aportar  a sus colaboradores una visión de flexibilidad al cambio. Estas actitudes son grandes motivadoras y aumentan la productividad. Con la persuasión y asertividad causan un gran impacto sobre sus equipos y  ganan su confianza, respeto y admiración. Todo lo contrario a lo que realizan los jefes tóxicos.

4 de cada 10 jefes son tóxicos en las Instituciones. Por eso es importante observarse a sí mismo si Ud. lo es. Para ello piense si tiene algunas de estas características de los jefes que han perdido su sentido de equidad:

Los jefes tóxicos son arrogantes y no se comunican de manera correcta con los colaboradores. Piensan que siempre tienen la razón y esperan que los demás acepten sus palabras sólo por el hecho de ser el jefe.

Los jefes que han perdido el sentido de su función en la organización nunca tienen en cuenta las necesidades de los equipos, pues solo piensan en los números. No son conscientes de que los trabajadores son el motor de la organización y por lo tanto, hay que cuidarlos.

Permiten que ellos solamente tomen decisiones y fijen las directrices sin la participación del grupo. Son ellos quienes concentran todo el poder y nadie desafía sus decisiones.

Los malos jefes tienen poca paciencia y se irritan con facilidad. Puesto que no están abiertos a las ideas de los demás, no quieren que los molesten. No son conscientes de que la verdadera riqueza de su organización es el capital humano.

Los jefes tóxicos son mentalmente cerrados y tienen pánico al cambio, por lo que son poco innovadores. La falta de innovación, en la mayoría de ocasiones, dificulta la adaptación al mercado moderno y, por tanto, al progreso de la organización.

Este tipo de jefes controlan en exceso. Es por eso que, al supervisar todas y cada una de las tareas que realizan sus colaboradores, merman la capacidad creativa de estos.

Pueden aparentar que tienen confianza en sí mismos, pero la realidad es que no es así. Un líder con confianza en sí mismo no tiene miedo a delegar , ni a valorar las opiniones del grupo. Su inseguridad los convierte en jefes tóxicos.

Tienen expectativas irreales, por lo que suelen exigir más de lo que deben a sus equipos. No solo eso, sino que son poco agradecidos cuando los demás hacen las cosas bien, puesto que solo se centran en lo negativo.

La planificación, tanto del trabajo, como del tiempo es primordial a la hora de liderar equipos, pues puede ser una fuente de estrés si no se hace correctamente. Uno de los problemas de este tipo de jefes  es la incapacidad para gestionar y priorizar su tiempo de un modo correcto y eficaz, lo que puede llevar a la saturación de tareas y de responsabilidades. Al final,  la mala gestión del tiempo la pagan sus colaboradores. 

Los malos jefes son incapaces de reconocer el talento y la creatividad de sus equipos. Se rigen por normas y dinámicas rígidas, sin dejar ningún margen a la improvisación. Esto causa que los colaboradores tengan funciones totalmente mecánicas y no logren desarrollar sus capacidades. Es un error común y la Institución es la principal perjudicada de esta actitud.

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